Triste adiós

Angel era un estudiante que había terminado el bachillerato, deseaba tanto estudiar actuación y convertirse en un gran actor de teatro.

Lo había conocido en un momento en que mi vida parecía que no podía ser peor. Llamadas por teléfono, que pasaban tan rápido, el caminaba mucho tiempo para encontrar un teléfono público en su pueblo, Tepotzotlán y poder llamarme.

Su padrastro le hacía pasar muy malos ratos y su madre no se enteraba de lo que ocurría (o no quería enterarse).

Por mi parte me estaba encariñando mucho con él, era todo lo que yo podía pedir en ese momento de alguien, con más tiempo ya lo quería mucho.

Eramos mutuamente el refugio del otro para olvidarnos de nuestras dificultades y pronto el vendría a mi casa para ir al día siguiente a inscribirse para la universidad. Esa noche surgio el deseo y el amor, entró en mi corazón tan fuerte que no lo creí posible, disfrute estar con él, sin embargo no podía quedarme a su lado.

Pronto me dijo que se iba a Toluca a estudiar, lo habían aceptado, estaría lejos, él me sugirió no ir y quedarse conmigo, pero eso no era posible y no le quería decir porque, aunque estaba enamorado de él, le hice ver que era mejor que se fuera y cumpliera sus sueños, ya veríamos después que ocurriría.

Me llamaba cada sábado y llegaba a la casa dónde el me llamaba sólo para escuchar su voz, ya estaba resolviendo el irme con él, pero el sábado que se lo iba a decir, la compañía de teléfonos había cambiado el número arbitrariamente. Tal vez pensó que no quería saber de él. Lo busqué, pero no lo encontré.

No sabíamos los apellidos del otro, no sabíamos más que lo indispensable de nosotros y estábamos irremediablemente separados, continué mi vida y guardé ese amor en lo profundo de mi corazón.

Ojalá se encuentre bien donde quiera que esté.