chico guapo llorando

Sergio es un chico que rondaba los 27 años, era el típico le gusta andar a la moda, que salía de antro y se ligaba a cuanto guëy pudiera, porque bueno el es homosexual.

Su pareja se llama Rodrigo de 24 años, que bueno, era muy diferente a Sergio: buen amigo, confiable, trabajador, estudioso y además, raro en estos tiempos, fiel.

Hoy es ocasión de un evento en el antro dónde suele salir Sergio, como siempre llega y pide una copa en la barra, para luego darse una vuelta por todo el lugar mientras checa la mercancía (como él dice).

No tarda mucho en encontrar compañía, porque vaya que Sergio tiene imán.

Después de unas copas más, besos, caricias y un par de horas, a mitad de la sala electrónica se encuentra todavía con su nueva conquista, en eso…

—¡Sergio que chingados estas haciendo!
—Hola Rodrigo, pues lo que ves, entreteniéndome un rato. —Contesta con un evidente estado alcohólico—. ¿Esta es la forma como demuestras lo mucho que me amas? Según tu yo era lo mejor de tu vida.
—Mira, niño. No voy a discutir contigo ahora, si quieres hablamos después. Sino  ¡la puerta está muuuy ancha!
—¡Vete a la chingada, hijo de puta! —Grita Rodrigo ya visiblemente alterado y con un comienzo de lagrimeo en los ojos, tras lo cual sale corriendo.

Días después de rechazar las llamadas de Sergio y de curar sus heridas, Rodrigo comienza a salir con alguien más. Si bien le gusta no es del todo su tipo, pero es tanto su despecho que comienza a acostarse y salir con otros dos hombres más.

En una noche, de camino al cine y abrazado de su amante en turno, se oye atrás de ellos.

—¿Rodrigo?
—¡Emmanuel!
—¡Vaya! Todavía te acuerdas de mi nombre al menos. Que bueno que teníamos algo chido como tu decías —dijo sarcásticamente—.
—¡Espera, lo que pasa es que…!
—¡Espera tú, pendejo! Espera a que te pase lo mismo que estás haciendo, para que veas lo que se siente. ¡Eres un cabrón! ¡Vete a la chingada!