Era el Año 2083, transcurría una ajetreada y muy calurosa tarde, el
paisaje es de reflejos, los rayos del sol se perciben por todos lados,
únicamente se ven edificios con paneles solares y otros paneles de
esos que filtran los rayos UV.

Se ve llegar a una tienda de hombres y mujeres biotécnicos a Julian un
ser incomprendido por sus congéneres, se le mira comúnmente pensativo,
filosófico, inquisitivo ante las reglas y comportamientos sociales,
los cuáles muchas veces no le parecen naturales, pero no puede hacer
nada, no se atreve, no lo cree viable.

-¡Buenas tardes! -Saluda Julian-

-¡Buenas tardes Señor!, ¿En que le podemos ayudar? -Contesta el
encargado de la tienda-

– Mire vengo buscando una mujer biotécnica que tenga un buen
desempeño y que…

– ¡Las que tenemos aquí son las mejores en desempeño! -Interrumpe el
encargado de la tienda- Tienen todo lo necesario para parece humanas.

– Sí eso me lo imagino, pero lo que a mi me interesa, es encontrar una
que tenga sentimientos, porque no quiero percibir que es algo tan
artificial.

– Señor todos nuestros modelos tienen una perfecta emulación de
emociones humanas, como llanto, risa, así como muchas otras, es
cuestión que usted le indique como quiere que sea, que la programe.

– Lo que sucede es que yo quiero algo espontáneo, que no le tenga que
decir o programar, que tenga una personalidad propia.

– Señor, lamento decirle que eso no es posible, todo tiene que ser
dirigido, de lo contrario tendríamos muchas devoluciones.

-¿Porqué? -Pregunta extrañado el cliente-

– Bueno si ha leído historia, sabrá que toda la gente se separaba por
incompatibilidad de caracteres, por intereses diferentes, por celos,
todo eso ocurre cuando se tiene una personalidad propia, todo queda al
azar, hay demasiadas sorpresas así, actualmente ya nadie se complica
la vida.

Por eso los matrimonios no existen ya, los niños son planeados
genéticamente y concebidos en centros especializados, todo es mejor
ahora, más inteligente, mejor planeado.

-Pero yo quiero a alguien que se preocupe por mi, que me mime si me
enfermo, que se angustie si no llego, que me platique sus intereses,
lo que hizo en el día.

-Señor sinceramente usted pertenece al siglo pasado.

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15 de octubre de 2008

Dedicado a la Dra. Anabel Ochoa q.e.p.d. quién me hizo el honor de leerlo y aún recuerdo como me impulsó a continuar escribiendo.