Anochecer

Soy Armando, un chico común, que tiene su rutina, sus actividades y esta noche iba a ser como cualquier otra, repasar el día, usar el tiempo para descansar y tal vez algo de entretenimiento insulso con la televisión o cualquier cosa.

De pronto, ya casi para irme a acostar, alguien toca insistentemente la puerta, tras ponerme apuradamente una bata y gritar que ya voy, llego a la entrada.

-¿Quién es?-Tu padrino

-¿Qué padrino?

-No te desgastes, no necesito que abras la puerta, solo era para no tomarte tan desprevenido.

Tras decir eso, dejo escapar un grito, aparece adentro, junto de mi, un hombre alto, con sombrero, vestido todo de negro, con una gabardina y mirando hacia abajo, por lo que el rostro no se le puede apreciar.

-No grites, no hay forma de suavizar esto, soy tu padrino, el Padrino Muerte, tu madre debe haberte hablado de mi.

-Ehm si, mi madre me contó la historia de cuando yo estaba muy enfermo y pidió, imploró, rezó para que yo me curara, pero no se podía hacer nada, entonces apareció usted, diciéndole a mi madre que yo viviría, pero tendría que cambiar tiempo de su vida por tiempo para la mia, si es que ella estaba dispuesta, pero no esperaba que fuera tan pronto, es decir no estoy preparado…

-Nadie esta preparado para esto muchacho, pero es algo que tiene que ser, los años que le quedaban a tu madre no eran muchos.

-Pero yo no he cumplido mis sueños, no he amado con la intensidad que muchos pregonan, no he hecho con mi vida casi nada, he trabajado casi todo el tiempo para sobrevivir, no tuve mucho tiempo para disfrutar, viajar, conocer o leer.

-Eso no es relevante para mi, acaso no crees que esas historias ya las he escuchado, yo soy tan antiguo como el universo, ni siquiera te imaginas lo insignificante que es para mi todo lo que me puedas decir.

-Pero, ¿no hay algo que pueda hacer para… ?

-¿Conseguir un poco más de tiempo? -interrumpió-

-¡Si! ¡Un poco más!

-El problema que tienen ustedes, es que actuan como si fueran a vivir para siempre, postergando lo que en verdad es importante, pensando que siempre tendrán un mañana, pero el mañana es una ilusión, lo único que tienen es el ahora.

-Sí, no hay excusa, lo sé, pero yo puedo hacer que valga la pena el tiempo que me de, juro que valdrá la pena.

-Lo único que podria hacer por ti, es intercambiar el tiempo de otra persona, por un poco más para ti, díme de cualquier ser humano que sin duda merecería morir para que tu vivas.

Se generó un profundo silencio, mientras Armando pensaba y daba vueltas en su cabeza, si bien existían miles de personas que le venían a la mente, por ser asesinos, inhumanos, gobernantes corruptos, gente que en vez de hacer algo por los demás hacen mal en este mundo.

Sin embargo, cada vez que iba a proponer un nombre, sentía pena por ellos, cada uno de ellos si bien no eran buenos a su juicio, eran seres humanos, no sabía lo que los había orillado a hacer todas aquellas atrocidades, no estaba seguro de poder decir algo, si bien quería vivir no quería cometer un error y privarle a alguien de su vida, de su mundo, únicamente por un poco de tiempo.

-No puedo -dijo amargamente- no me toca a mi decidir eso, cada quien tiene derecho a vivir su propio tiempo y yo no soy quien para arrebartarselo a otro ser humano.

-¿Lo dices en serio?

-Sí, aunque me cuesta, debo declinar la oferta, iré con usted contento, sólo permítame ver el próximo amanecer, es todo lo que pido.

-Está bien, a razón de tu respuesta y tu falta de egoísmo, te brindaré el próximo amanecer, incluso algunos más, no sabrás cuantos, de ti depende disfrutarlos y hacer valer cada día, porque la siguiente ocasión, solo vendré por tí en el momento más inesperado, la próxima vez no habrá un aviso.