El Mago

Los cambios trastornan, incluso duelen, nos acostumbramos tan rápido a una rutina, a un ritmo, que si bien nos proponemos mantener los ojos abiertos, utilizar nuestros conocimientos y destrezas para cuando sea necesario, tan pronto nos sorprende un acontecimiento, el cuál no habíamos concebido ni en nuestros más locos sueños, nos revuelve, nos aturde y acabamos reaccionando “equivocadamente”

A veces por esa respuesta que consideramos errónea nos culpamos, nos flagelamos y cuestionamos, durante días, semana, meses y a veces por años.

Acumulamos preguntas sin respuesta, ideas y pensamientos de como pudo ser diferente, pero ya fue, el pasado no lo podemos cambiar y sólo nos resta aceptar que estamos aquí para aprender y para incurrir en una realidad de la que somos solo una parte y esa parte no la controlamos del todo, hasta que no hayamos perfeccionado el arte de ser dioses, pero como no lo somos, la luz se oculta de nuestros ojos.

Alguna vez despertaremos y nos convenceremos acerca de que somos tan imperfectos, que culparnos no resuelve nada y que experimentar y aprender dura toda la vida.

En el camino nadie es maestro de todo, ni nadie es aprendiz de nada, somos lo que queremos ser y según hasta donde nos permitimos explorar.