colchon

De tantas tardes en tu colchón entendí la vida,
le di nuevo sentido a los sueños de niño.
Paraiso perlado de sudor con la luz desfalleciendo.
A veces tintineaban las campanas de la catedral,
coronando un placer que no alcanzaba a terminar.
Miles de noches en vela en ese lugar, mirándonos,
soñandonos, acariciándonos, alejándonos de todo,
excepto de nosotros.
El reloj nos tenía envidia, con su aburrida existencia.
Mientras nosotros olviabamos el tiempo,
ese que dejaba de tener una razón al no haber medida
ni forma de contener nuestro amor.
Las ojeras en nuestro rostro eran la prueba,
de que se le puede dar vida al alma y cansar al cuerpo.
Ese tiempo comprendí que no hay mejor que el silencio,
para decir las cosas que se tienen por dentro.
Una caricia y una mirada nuestra fulminaba el cielo,
y no habia tormenta que se atreviera a serparanos.
Pero como todo en este mundo es efímero,
todo eso se quedó solo en momentos.
Antes dos almas y dos cuerpos, ahora dos almas un cuerpo,
Esperando el momento de ser libres y amarse de nuevo,
quizá en otro tiempo, otro espacio o puede que en algún sueño.