Cantando con guitarra

Una noche más en el viejo bar, canciones sonando tras un fondo de nostalgia y remembranzas.

Mientras que yo en un momento cantando una canción Ibérica llegaste tú, justo como la vez anterior, con la misma tonada, tus aplausos, tu sonrisa y tu mirada ya me habían hecho la noche.

Después de varias canciones y copas, bromas y miradas furtivas, nos tocaba interpretar un dueto, tu voz guiando la mia, tu cercanía y mi goce por compartir contigo hicieron un momento mágico, que si bien en un instante había terminado, la escencia aún seguía flotando en el aire los minutos siguientes.

Hasta que llegó el momento, una canción que yo no conocía, una interpretación con emoción y sentimiento, dirigias a mi tu melodía, yo no daba crédito, la letra, la voz, la escena, todo era como para un filme de una película cursi, pero sin el empacho de saber que uno está viendo una mentira, esto era real y algo que ya alguna vez había pedido y esperado (Ilustrado por este post).

No sé que siga después, pero sin duda aunque no pase nada de nada, lo que me has regalado esa noche ha sido el mejor obsequio en años.

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