Principe Azul

Muchos hemos tenido la fantasía o la necesidad de tener alguien a nuestro lado, también muchos lo hemos cumplido aunque sea por solo un tiempo, gracias a las circunstancias, decisiones o simplemente accidentes no ha perdurado hasta hoy.

Siempre que pensamos en alguien como posible figura amorosa, idealizamos, ponemos cualidades y características en esa persona, mismas que quizá no posea, ni poseerá.

Es dónde debemos plantearnos; ¿Realmente queremos un príncipe de sangre azul?

Sin dudarlo pedimos que tenga cualidades enormes, que posea belleza, signos de una galanura muchas veces encontrada solo en algunas pasarelas o películas, sin embargo, ¿eso realmente es lo que queremos?, mas allá de eso, ¿es realmente lo que podemos ofrecer nosotros también?.

Porque claro, podemos pedir lo que sea, pero que estamos ofreciendo nosotros, casi nunca reparamos en ese hecho o bien, no estamos conscientes de ello.

A quién no le ha tocado ver como algún amigo se refiere a una mujer como: “Está re federica, quien la va a querer”. Ciertamente este hombre, pues si podrá tener razón y tal vez esa mujer no fuera muy agraciada físicamente (por lo menos a sus ojos y su muy particular punto de vista).

Pero, ¿acaso este hombre que critica es un Adonis, es un modelo de revista o tiene tantas virtudes que su falta de atractivo no importa?

Podría responder casi sin miedo a equivocarme con cualquier persona que dice algo así, que no, él no es nada de lo que el está pidiendo o exigiendo.

Se requiere que seamos más humildes, más realistas, que nos dejemos de pendejadas y evitemos encontrar a la persona ideal solo por la belleza física, por como se viste o por que circulo de amigos tiene.

Cada uno de nosotros tiene metas muy particulares, formas de pensar diferentes, además de que nos gustan ciertos atributos físicos, que seguramente no sólo encontraremos en modelos o actores.

El chiste es darse la oportunidad de encontrar nuestro propio estereotipo, celebrar nuestros propios gustos, no demeritar a nadie por como se vea y sobre todo, ir más profundo que la carne, ver la esencia de esa persona.

Cada quién tiene mucho que ofrecer, pero no para todos, sino para justo esa persona que lo sepa ver, así que por mi parte, prefiero a un principe de sangre roja, que me de lo que yo necesito y yo también le brinde lo que necesita, que un principe de sangre azul, que me acabe fastidiando y que tal vez se sienta demasiado para estar conmigo, pero en el fondo, sea tan vacío como un pozo sin fondo.

No tiene que ser de sangre azul,

yo solo me quiero enamorar.