Tarde de viernes después del trabajo, el bar cercano se encuentra lleno, decido caminar buscando otro que me ofrezca un lugar cómodo y una buena botana para disfrutar de un par de tragos.

Un whiskey y unos cacahuates son mi compañía, el lugar está lleno ahora, pero yo me concentro en mis disertaciones, en un poco de mi y un poco de nada, solo para pasar el rato, para terminar el día.

De pronto se acerca a la barra, junto a mi, pide un Vodka Tonic, lo cuál hace que voltee a verlo, es un chico como de 25 años, alto, no es guapo, pero tiene un toque de interesante que me impide regresar la vista al frente.

El voltea al sentir mi mirada y me dedica una grata sonrisa, no esas sonrisas tiernas de niño tonto, sino una sonrisa que incluye un dejo de lujuria y a la vez de complicidad.

Acaba por tomar el banco que está junto a mi y al recibir su copa voltea y brinda conmigo.

Nos presentamos, comenzamos una charla amena que fue desde el clima hasta descubrimientos prehispánicos y bueno ahí me entero que Roberto (así se llama), se encontraba de paso únicamente, el radica ahora en Canadá aunque nació en México, pero dados los hechos de violencia que atravesamos, vino a arreglar que sus padres se fueran a vivir con él.

Sabíamos que no tendríamos tiempo ni siquiera de escapar a un hotel o de una cita que termina con un beso, en cambio recibiría un regalo, que es disfrutar con alguien sin preocuparme del pasado y sin que al otro le importe cual es ese pasado.

La noche casi acababa, él tendría que irse al aeropuerto a tomar el vuelo que lo devolvería a su hogar.

Después de mirarnos tratando de alargar el momento de la despedida, el se decidió a robarme un beso frente a toda esa gente, frente a todos esos machos recalcitrantes que pululaban por el bar.

El beso me supo a pasión, a nostalgia, a despedida y un poco a alcohol… él salió del bar sin decir adios, sólo me dejó un papel con par de líneas y tras disfrutar de una copa más entre las miradas de los lugareños, me retiré a descansar con una sonrisa en la boca.

“Gracias por una noche de tu vida, espero verte otra vez algún día, sin promesas, sólo porque la vida nos vuelva a reunir. Hasta pronto.”