wind serpent

La brisa de la playa se siente tan bien sobre la piel, ligeramente nublado y con algunos rayos de sol que caen sobre el agua, creando un sutil efecto de reflejos y calidez no excesiva.

Mientras tomo la mano de Rodrigo y estoy por voltear a ver su cara, me distrae un estrépito en el agua, una bella mujer sale de ella, pero antes no la habíamos visto sumergirse.

Se nos queda mirando con ojos de viva curiosidad, explorándonos, como intentando conocernos con solo observar.

Abre su boca como para hablar, pero tarda demasiado para hacerlo…

-Disculpen pero llevo mucho tiempo sin utilizar el lenguaje humano, quiero invitarlos a venir a mi hogar bajo el agua.

Ante tal invitación por demás súbita e increíble sólo atinamos a mirarla sin exclamar palabra alguna.

-Se que es muy repentino esto, pero el que estén aquí no es casualidad y pronto la tierra será destruida. Soy Eurina, ustedes probablemente hayan escuchado de nosotras, las Nereidas, en algo de su mitología antigua.

-Si -contesto yo- pero eso no quiere decir que crea lo que dices y es mejor que nos vayamos de aquí.

-¡No! ¡Por favor no se vayan! Tengo el cometido de salvar a por lo menos dos seres humanos.

-¿Pero para qué? -Pregunto con desesperación.

-Todas sus preguntas serán contestadas si vienen conmigo.

-Es imposible -contesta Rodrigo- debemos marcharnos.

Sin escuchar más de lo que tiene que decir esa “mujer” nos damos vuelta y nos vamos rápidamente. Tras unos pocos minutos de estar caminando nos encontramos en medio de un desierto.

-¿Pero que hace un desierto aquí? -Pregunto exaltado

-¡No lo sé!

Empiezan a oírse sonidos en el cielo, semejando a aves, pero con un tono algo extraño, tras lo cual alzamos la vista casi al mismo tiempo, para encontrar una “parvada” de serpientes aladas.

Las serpientes se acercaban y se alejaban, como si quisieran atacar, pero no sabían si hacerlo, al parecer algunas más salían de un hueco enorme que había en el suelo, el cuál se iba haciendo cada vez más grande porque cada vez más arena iba cayendo hacia el.

En un momento todo se tornó confuso, empezó a temblar y crujir la tierra de un modo que ni siquiera pude haber imaginado jamás, fue entonces cuando se empezaron a abrir más agujeros en la tierra y pronto tuvimos que correr para no caer en alguno, caíamos y nos levantábamos para salvarnos, nos ayudábamos para continuar, pero era casi imposible, íbamos a morir enterrados en un desastre que no entendíamos.

Afortunadamente las serpientes aladas volaron cada vez más bajo y por su tamaño dos de ellas podrían llevar fácilmente a cada uno de nosotros, miré a Rodrigo y le hice seña de saltar para agarrarlas, sin hablar entendió el plan y pronto cada uno se había asido a dos de ellas, pero nuestra falta de destreza para domar aquellos animales hicieron que nos llevaran por lugares diferentes y pronto fui a parar de nuevo a aquella playa dónde había visto a la nereida, pero ahora me encontraba solo y no sabía que iba a ocurrir después.