Flor

Cristina era una abogada prestigiosa, se encontraba siempre trabajando duro y puliendo sus conocimientos y habilidades para poder acceder a mejores oportunidades de trabajo. Normalmente su vida era muy rutinaria, quién rompía con la monotonía y aportaba algo diferente era Josué, un compañero de carrera que había decidido dedicarse a la docencia y explorar otras posibilidades distintas a las leyes.

Cristina y Josué no solo compartían el amor por las leyes, sino también por una buena comida, una platica que se extiende hasta la madrugada, un paseo espontáneo, compartir sus alegrías, sus miedos, sus sueños y sus tristezas; de tal modo que construyeron una amistad casi a toda prueba, pero sin darse cuenta, también crecía el amor, un amor que ninguno de los dos confesaba.

Durante una cena, la cuál ambos disfrutaban, Cristina comentó algo que cambiaría todo.

-Amigo, tengo que decirte que la cena esta exquisita, cada vez te esmeras más ello, deberías probar de chef -Comentó alegremente Cristina.

-Josúe rió levemente.  -Sólo que disfruto más cocinando para nosotros que para otras personas. -Aunque él querría haber dicho que solo amaba cocinar para ella.

-Por cierto Josué, quiero comentarte que mañana salgo de viaje para instalarme en París, por fin conseguí el trabajo que tanto esperaba.

-¡Muchas felicidades! -Exclamó Josúe al momento de levantarse para abrazar a Cristina.

Se abrazaron fuerte por un par de minutos y ambos se veían a los ojos, pero ninguno se atrevió a pronunciar una palabra. Finalmente Josué rompió el silencio, apartándose de ella y tomando una copa.

-Brindemos por tu éxito y que consigas la felicidad que te mereces.

-Gracias, ¡salud!

La velada terminó poco después, tras despedirse, Cristina vió con tristeza marcharse a Josué, le perturbo el ver en él un semblante un tanto serio al momento de virarse para seguir caminando hacia su auto, pensó que no le importaba tanto como ella deseaba.

Lo que ella no sabía es que Josué se sentía abandonado y triste por su partida.

-¡Ay Josué, si tan solo me pidieras quedarme a tu lado lo haría sin pensar! -Exclamó ella, pero él ya no pudo escucharla, se había ido.

Dos días después…

Suena el celular de Josué el cuál responde casi dormido ya que es de madrugada.

-¿Sr. Josué Andoaga?

-Sí, él habla. ¿Quién es?

-Disculpe, ¿Conoce usted a la Srita. Cristina Suárez?

-Si, ¿Qué pasa?

-Lamento informarle que ha habido un accidente en auto, ha fallecido, entre su bolsa encontramos sus datos, por eso le llamo… ¿Sr. Josué? ¿Sr. Josué? ¿Se encuentra ahí?

Josué había soltado el teléfono y se había desplomado contra el piso, llorando con un grito ahogado, sin poder creer que no volvería a ver a su amada Cristina otra vez.