velas de otoño

Es triste y de dar vergüenza que necesitemos que todo esté etiquetado, explicado y decodificado para que podamos entenderlo, para sumarnos al gusto o el desagrado.

 

Ya no quedan muchos que disfruten del descubrir, de querer penetrar en otra mente y fluir con su esencia hasta construir algo en común.

 

No es de extrañar entonces que todo sea tan frágil y se rompa a la primera complicación que surja. Relaciones tan patéticas como patético es nuestro afán por lo prefabricado y “bellamente externo”