tobillo

La música a todo volumen, los vasos y las botellas de cerveza se vacían rápidamente, todo dispuesto para olvidarse de una semana de trabajo, para dejar atrás el hastío de vivir en una rutina que termina con los sueños y aspiraciones.

El bar se llena de gente conforme van transcurriendo las horas y allá en la barra se encuentra Amanda, quien acude solo para saber si puede disfrutar de aquella diversión como los demás, dejando atrás las peleas con su marido.

Ella es una chica aun joven, que se casó por la necesidad de escapar de su familia, una muy conservadora y asfixiante, pensó que el matrimonio sería la solución a sus problemas, Mario su esposo parecía un chico bueno, trabajador y con grandes valores morales, cristiano como ella sabría como respetarla y amarla. Pero la realidad era muy diferente, no sólo no se llevaban bien, las peleas aumentaban constantemente, el sexo era el conflicto más común, Amanda no lo disfrutaba, ella consideraba que el sexo era sucio y solo debería servir para perpetuar la especie. Tenía en su cabeza demasiadas ideas del infierno y de por qué las almas se condenan.

Mario siempre la veía como un cuerpo en el que desahogar sus necesidades y ella debía someterse a ello, eran los deberes de una esposa, en ocasiones tenía que obligarla, pero claro debía hacerlo, es el constante juego entre hombres y mujeres, pensaba. Las mujeres se hacían las difíciles y era su papel, en el fondo el creía que Amanda lo deseaba pero no podía decirlo ni demostrarlo.

Todo esto pasaba por la mente de Amanda cuándo llega su amiga con ella ofreciéndole una cerveza. Susana era visiblemente mas relajada, no le importaban las enseñanzas de su familia, ni lo que la sociedad pensara, solo le interesaba divertirse, vivir a su medida.

Mandy como le llama Susana, toma la cerveza y la mira con cierta repulsión, ella no bebe, pero claramente lo necesita y piensa que si los demás lo disfrutan ella también podría hacerlo.

Susana disfruta el observar a Mandy , intentando relajarse y tomando sabor a la cerveza, la que claramente le disgusta. Mueve lentamente su cuerpo al compás de la música, mira a su amiga, haciéndole un gesto con la mano, para invitar a Mandy a unirse, quien poco a poco va cediendo ante las circunstancias y comienza a liberarse de sus inhibiciones.

Comienzan a bailar y platicar de trivialidades, Susana le hace notar a los chicos que ahí se encuentran y de como la miran, como se obsesionan con sus movimientos tan sensuales, de como se han de imaginar el quitarle esa falda negra tan diminuta y de como se sentirá tocar sus senos sobre ese top de latex que le hace ver tan sensual.

Hace gestos con su boca, esos labios rojo carmesí, invitan al deseo, al sexo y por qué no, al delirio.

Pero Susana no conoce la moderación como Mandy, pronto ya se encuentra visiblemente ebria, se enreda con un tipo del bar y comienza a bailar pegada a él, seduciéndolo, Mandy los mira extasiada por la imagen tan cargada de erotismo y lo que le provoca, ese deseo reprimido que comienza a salir a la superficie, incluso se descubre tocando sus caderas firmes, pensando como sería estar sintiendo las manos de Susana en esa manera que toca al chico con que baila. Aunque claro, solo son segundos, inmediatamente se reprende a sí misma por pensar en eso y siente que se va a ganar el infierno si sigue con esas ideas.

Pasa mucho tiempo así, entre baile y alcohol, ya es casi tiempo de cerrar en el bar y Susana ya está casi sin poder hablar o sostenerse por sí misma, ha bebido en exceso y Mandy tendrá que sacarla de ahí, lo cual consigue con mucho esfuerzo y trastabillando logra montarla en el auto.

A esas horas Mandy no la llevará a donde vive, ese departamento del quinto piso que se encuentra en uno de los peores barrios de la ciudad, sin pensarlo demasiado la lleva a su casa, afortunadamente Mario se encuentra fuera por un viaje de negocios, aunque a él no le importaría que Susana se quedara con ellos, los tres son amigos desde hacía muchos años, incluso alguna vez fueron juntos a la preparatoria, en dónde Mario y Susana siempre se metían en problemas, mientras Mandy los acompañaba, siempre recordándoles que hacían mal y ellos siempre reían en su cara por sus expresiones de miedo y angustia.

No tardaron en llegar a la casa de Mandy, quién prácticamente tuvo que arrastrar a Susana hasta la cama, la deja caer en la misma, pero ni siquiera se mueve, tan solo se queja levemente y hace sonidos guturales.

Queda boca arriba, Mandy a duras penas logra quitarle la falda y los zapatos, rojos de tacón de aguja, por un momento los acaricia, se ven tan bellos y piensa que se verá genial si se los pone.

Como son de la misma medida se decide a usarlos, le gusta como le quedan, ella nunca utiliza zapatos con tacón y esto le provoca mirarse al espejo, mueve sus piernas admirándolas. En realidad tiene muy buen cuerpo y hasta ahora se ha permitido a si misma reconocerlo.

Regresa a ver a Susana quién continúa inconsciente, ha flexionado su pierna derecha dejando ver a través de las medias negras ese tatuaje de su tobillo, aquél que le había conseguido una fuerte riña con sus padres, pero que tanto llamaba la atención de sus amantes y que ahora era uno de los focos de atención para Mandy.

Esa tanga negra que invitaba a explorar y ese top que resaltaba unos pezones tan claramente duros por el frío.

La revolución que ocurría en la cabeza de Mandy era de antología, se imaginaba a Susana en esa posición siendo presionada por su cuerpo, el como se rozarían sus pechos excitándose mutuamente. Las manos de Mandy se posarían sobre los pezones de Susana, haciendo suave y firmemente caricias que la harían gemir de placer.

Mandy estaba tan concentrada en su fantasía que no se dió cuenta de sus actos, ya no era solo su imaginación, se encontraba sobre Susana, frotando su cuerpo contra el de ella, sintiendo como su calor aumentaba y como sus bocas se rozaban, el aliento de Susana le embriagaba, le llenaba de nuevos bríos y no esperó mucho para besarla intensamente, llevó sus manos hasta sus caderas, las que acariciaba muy firmemente, esto hizo que Susana recobrara la consciencia, quien al sentir todo esto no pensó en nada y comenzó a apretar contra sí a Mandy, sus cuerpos cantaban de alegría, era un deleite tan grande para ellas que si estuvieran filmando una pelíicula erótica habría sido muy apreciada por cualquiera.

Todo cambió para Mandy cuando ya desnuda Susana encontró su clítoris, ese placer hasta ahora desconocido para ella le había abierto las puertas a un nuevo mundo, nunca había sentido eso con su marido, si siquiera lo imaginaba, pero ahora era completamente libre para disfrutar de unos merecidos orgasmos tras muchos años de mal coger.

Huelga decir que ambas terminaron exhaustas pero satisfechas, el sol colándose por la ventana las descubrió juntas, abrazadas y suspirando por eso que había sido más que sexo, por lo menos para Mandy.

No hablaban de lo que ocurría, solo estaban juntas, se sonreían, besaban y Susana disfrutaba de vez en cuando a soltar unas nalgadas a Mandy, quién invariablemente se sonrojaba pero disfrutaba.

Un par de días después Mario regreso a casa y antes de eso Susana tuvo que irse. Mandy ya no quería ni besar a su marido, no encontraba la manera de decirle que quería separarse de él, indudablemente se había enamorado y deseaba con toda el alma poder estar junto a Susana, disfrutar su vida y recuperar tantos años de ser tan pasiva, tan reprimida.

Tras una severa discusión con Mario le convence que se separen, ni siquiera llora, no le duele, esta separación es una oportunidad, debe tomarla y lo hará.

Mario se va de la casa y Mandy corre al centro comercial a comprarse ropa, zapatos, un bolso. Incluso acude al salón para cambiar de imagen y verse espectacular, quiere ir a buscar a Susana y darle la sorpresa, para entonces poderle hablar de estar juntas sin que nada se interponga.

Mandy llega a la calle dónde vive Susana, estaciona su coche a una cuadra pues no encuentra lugar, va apurada a su encuentro, pero antes de llegar ve a dos personas en la puerta del edificio, besándose y acariciándose. La sorpresa es mayúscula cuando se da cuenta que se trata de Mario y nada menos que Susana, ellos la engañan, los dos han jugado con ella, se desploma de rodillas en el suelo. No lo puede creer, inmediatamente un dolor recorre su estomago y su pecho, las lagrimas no tardan en brotar a mares.

Aporrea el bolso contra el suelo y se maldice por haber sido una idiota, por creer que podría ser feliz. Seguramente es su castigo por querer hacer lo que hacen los demás, sin pensar les grita y comienza a atravesar la calle hacia ellos, pero de repente un auto sale de quién sabe dónde e impacta contra Mandy, que sale volando encima del cofre y estrellándose contra el paracaidas.

Mario y Susana corren a su auxilio, pero es inútil, Mandy muere casí en el acto. Susana solo atina a recoger uno de los zapatos que llevaba Mandy, rojos iguales a los suyos, mira el zapato, mira a Mandy y no puede evitar querer ser ella la que mueriera.