marioneta

La marioneta estornuda, se sacude y vuelve a su inmovilidad,
alguien la toma y mueve los hilos para hacerle caminar.

Pasea por las calles de la ciudad, sin embargo…

No ve, no siente, no asimila nada del rededor,
cada que va de un lado a otro, lo que la lleva no es su voluntad.

Solo tiene que esperar a que alguien la tome y la dirija,
Cada vez se empeña menos en existir, eso no depende de sí,
nunca ha decidido nada, nunca ha cambiado nada.

Si un día cortara los hilos que le sostienen, le costaría andar,
tendría que decidir, pensar, caminar, observar, sentir.

Sería muy doloroso, demasiadas dificultades se atravesarían,
pero ese es el precio a pagar por la libertad.