Niño payasito de crucero

Hoy en el sol te miré transpirando tu vida,
sangrando tu dolor cual si fuera una herida,
tu esencia escapa poco a poco y se olvida.

En tus ojos ví rastros de tus sueños perdidos,
llegó la lluvia y heló tu piel hasta los huesos,
pero tú sabes que el frió te llegó hasta el alma.

¡Maldita desgracia que con los elementos se agrava!

Pero seguiste firme, aún llorando, de pié y sin parar,
luchando por vivir, queriendo y aún sin querer…
por una esperanza y un mañana que quizá no llegará.

Deseas continuar, aún sin fe y sin vacilar,
¿Cuántas veces has creido que es mejor terminar?
¿Qué te hace aún querer volar?
¿Es tal la fuerza de tu alma? ¿Mayor que la adversidad?

Hay quienes te ignoran y te apartan. ¡Que desdicha!
Ya quisieran tener tu coraje, por lo menos tu fortaleza.

Ese valor de luchar contra un mundo que te ignora,
te pisotea, te segrega y te manda al exilio…
Ese mismo mundo que clama por un mejor futuro.

Cuándo lloras, aunque no creas yo lloro contigo,
tal vez no te saque de tu miseria ni de tu vacío,
pero si te digo que por lo menos yo no te olvido.

Eres yo mismo, con otro rostro y con muy mala suerte,
con la muerte asechando en cada respiro, aquí, ahora.
Yo tengo mi culpa, no he luchado suficiente y de frente,
contra los que viven haciendo de esto un infierno en vida.

Aún con lo mal que todo se mira, todavía no se termina,
hemos de luchar juntos por que podamos vivir
en un mundo dónde podamos por fin decir; ¡Soy feliz!