Vivir, observar, sentir.

Me miraste, te miré, me hablaste, te respondí, me abrazaste y lo hice yo también, lo intenté, pero no pude quedarme, porque no era mi lugar, no era lo que yo busco, avanzo contra el viento, también a contratiempo, el invierno es un abrazo para mi, el frío me hace sentirme vivo y es el momento para no sufrir, para enterrar el pasado y avanzar, sólo, loco y un poco roto.

Cuándo olvidas tus sueños y vuelven a morderte la retaguardia, su propio peso te precipita contra el suelo, por eso hay que viajar ligero, libre de culpas, de miedos y de penumbras, solo guardando un poco de esperanza y algo más de fuerza para no desfallecer, siempre que caigas, es obligado el levantarse.

De jóvenes nos preocupa resolverlo todo, entenderlo todo, cuando eres mayor, te acabas por dar cuenta que ni el universo cambia porque lo entiendas, ni nunca lo harás lo suficiente, tú, pobre hombre insignificante, grano de arena en la playa eres… lo que queda, es ser un poco más humilde, apreciar lo que tienes, ayudar a quién a tu paso se atraviese y si no lo vas a ayudar, no estorbes y déjale seguir.

Todo se resume en vivir y dejar vivir… eso es justo lo que haré.