adios puerto lago

En una mañana de principios del 96 los rayos del sol ya atravesaban la ventana, abrí mis ojos y comenzó el dolor, pero en el cuerpo, porque mi alma está como anestesiada entre tanto que pasa en el mundo y tanto que solucionar en mi vida, la cuál necesita más que un milagro.

Es el hambre la que hiere, la que lleva a pensar que no es posible un mundo como este, pero lo es y aún peor, puede venir a complicarse si alguien en el poder decide robar de más.

Cuesta levantarme, cuesta caminar, bañarme, todo para que al final el día termine oscuro, dejándome con frío y vacío.

Es tan fácil decir “todo saldrá bien” cuando tienes un pan que llevarte a la boca, cuando tu cama la adorna la presencia de tu ser amado o que por lo menos tienes trabajo, que sí como autómata haces todo y ni agradeces lo que tienes, pero es parte de tu vida, yo no tengo nada de eso.

Muy pocos saben de esa situación, porque es tanto más el dolor que se siente cuando se suma a los ojos de lástima y compasión, cuando lo que necesitas es al menos comprensión y amor.

He perdido casi todo, dinero, amor, comida… me tengo a mi, nada más que a mi… aunque por momentos hasta yo mismo me pierdo.

Las causas dan lo mismo, el resultado es lo que me mata, cuando una lanza te atraviesa ya no te ocupas de la lanza, sino del dolor, del corazón que sangra.

Dicen que el amor es cura y bendición, que el amor lo supera todo… bueno no lo supera todo, pero si me dió una nueva oportunidad.

Conocí a un bello ser, de alma limpia y ojos amorosos, en cuyos brazos pude redimir mis sueños y darle fuerza a mi esperanza.

¿Qué fue lo que hizo por mi para que eso ocurriera? Nada. Sencillamente estuvo ahí, me amó, sacudió mi mente de aquella podredumbre que había anegado mi juicio.

Las heridas cicatrizaban, todo se acomodaba, el dinero, no se como, pero llegaba, nada me importaba, era feliz.

Pero como nada dura, pronto la situación cambiaba, él debía irse y tenía la propuesta de irme con él, pero no podía, había hecho una promesa e implicaba quedarme ahí. Él deseaba quedarse conmigo, pero sus sueños no se cumplirían, yo sé lo que es perder un sueño, lo que duele no tenerlo, yo no iba a ser un obstáculo en ello.

En ese tiempo no había teléfonos móviles como hoy, hablabamos cada semana, yo esperaba ansioso su llamada, pero un día sin aviso me cambiaron de número de teléfono… perdimos contacto. No nos encontramos de nuevo, pero la semilla que dejó en mi corazón allí se quedó y me hizo seguir, aun hoy le recuerdo como algo maravilloso.

Así como esos seres alados que dicen te ayudan y están contigo cuando los necesitas, así él, su nombre es Angel.