El vuelo de un pájaro

¿Cómo olvidar que este mundo se volvió tan oscuro para mi?

¿Cómo olvidar que me había dañado al punto de no querer saber nada más?
Herido estaba y herido de muerte, tanto maldecía a mi suerte y blasfemaba que hasta la garganta se me secaba, además de mis ojos, secos y rojos ardiendo como llamas.

Anaranjadas sombras, pereciendo al ocaso y yo pereciendo a cada segundo ahí mismo, ellas morían, se apagaban, pronto ya no estaban. Pero yo seguía en la misma agonía, decían que sería transitoria y aún así sentía haber estado así por centurias.

“Debes encontrar sentido a…” no dejaban de decirme, además de que todo mejoraría, pero que sabían ellos, si no habían sentido algo tan hondo, tan profundo y tan devastador.

A veces el precio de la sensibilidad es el dolor y yo deseaba anestesiarme, con alcohol, drogas, lo que fuera, así tuviera que enterrarme bajo tierra, vivo o muerto, no interesaba, solo importaba no sentir.

¿Puedes guardar un secreto?

Te contaré, casi me olvido del mundo, por un momento casi logro irme de aquí… que en el fondo era lo que buscaba, sin embargo no era lo que deseaba, lo que anhelaba es que el dolor se apagase.

Algo me detuvo. ¿Qué fue? No lo sé, ni siquiera aventuro a dar una explicación o imaginarla, es largo de explicar, de momento puedo decir que lleve a cabo el dicho de “solo por hoy” …poco a poco volví a ver los colores, confié en mi nuevamente, me refugié en mis gustos y aficiones, pronto salí al mundo y recordé las nuevas realidades que buscaba alcanzar y al final no hubo final… aún y todavía espero que ciertas sombras se vayan, pero ahora no me atacan, ahora son parte de mi y como tal no les temo, sino que son parte de mi fuerza.