Como siempre Joaquín despertó en la mañana, se disponía a comenzar su rutina: Bañarse, desayunar y emprender el viaje camino al trabajo, afrontando el cotidiano tráfico, los enojos de la gente que transita y seguramente algún problema como ocurre en las grandes ciudades.

Pero ese día todo iba a ser distinto.

Joaquín iba en el taxi que lo llevaría a su destino, sin fijarse en nada, pues el trayecto ya le resultaba monótono.

Algo le sacó de repente de su estado, acababan de chocar, al pasar varios minutos y salir a gatas del coche que quedó ruedas arriba, comenzaba a sentir dolor, el cuál había sido bloqueado por la adrenalina y la sorpresa.

Al incorporarse veía como varios coches habían hecho colisión, se acercó a varios de los vehículos, pero todo fue inútil, la gente que revisaba estaba muerta, hasta dónde podía ver sólo el había sobrevivido.

Pero entonces un llanto le hizo voltear rápidamente y corrió, sin pensar y sin preocuparse del dolor que le hacía casi doblarse.

En un coche prácticamente desecho, había un hueco entre el cuerpo de la madre, los vidrios y la hojalata, en el cual se encontraba un bebé, soprendentemente ileso.

Se escuchaban ya sirenas de patrullas y ambulancias que venían en camino, pero Joaquín no prestó atención, sin pensarlo extrajo al infante de aquel lugar y lo llevó caminando hasta la banqueta.

El niño no lloraba, estaba despierto y veía con mucho interés a Joaquín, el cuál sólo esperó para que los paramédicos lo revisaran y verificaran si tenía algún familiar.

Pasaron las horas y llevaron al bebé con sus abuelos paternos para que se encargaran de él.

Joaquín comenzó a divagar en ideas, en preguntas y casi ninguna respuesta, aquello le había hecho reaccionar y disfrutar un poco más su vida.

Claro que esto pocas semanas, pronto la rutina, la monotonía y el desasociego hicieron nuevamente presa de Joaquín, ¿Qué ocurrirá ahora?

¿De que está hecha la sociedad moderna que parece volver autómatas a millones de personas?

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