Una charla amena, música y vino, la noche en calma y un aroma a jardín, los minutos pasan rápido por estar tan agusto.

Después el tráfico, recuerdo de los conflictos de una gran ciudad, encuentro con buenos amigos, bromas y risas, el camino ya no es monótono, no hay estereo en el carro, reemplazado por canciones “a acapella”, recuerdos, grata convivencia, nuevamente risas y hasta villancicos cantados en octubre.

Un antro repleto, pero los demás no cuentan, todo está como debe ser, la música que hace bailar, los tragos para brindar y los amigos para disfrutar.

Gente conocida, un beso furtivo, un encuentro inesperado, todo es tan vivo y penetra en los sentidos, tanto que el alcohol no hace efecto.

Aunque lo demás que sigue es tambien genial, decido regresar a casa para descansar, he pasado una noche muy grata y se vuelve un nuevo recuerdo que sirve para superar otros momentos que no sean tan buenos.